Estaba nervioso como no recuerdo haberlo visto. Intuyo que durante algunos segundos flaqueó en su cruzada contra el miedo a hacer el ridículo. Pero allí estuvo, canoso y hermoso, estallándome el corazón de orgullo, con su entusiasmo gigante sacándole la lengua al mío, que por tantos ratos se esconde.
(No será en sentido literal, pero para mí, comenzaste en fa).
La infancia, esa edad de antigua y extratemporal carencia de juventud”.
– Absalón, Absalón. William Faulkner.Elena entró aquella noche saliendo de sus lágrimas como si saliese de la lluvia y, terminado el rito, salió otra vez del templo para hundirse en el llanto: nuevas lágrimas, las mismas lágrimas, la misma lluvia. Subió al carruaje y salió en medio de ella (de la lluvia) rumbo al Ciento de Sutpen”.
– Absalón, Absalón. William Faulkner.Hipotética etnografía filial de unos diálogos
Mi madre quiere escribir un guión. Mi madre que es bióloga, suficientemente nerd como para ir a la playa con una enciclopedia de genética. Mi mamá que odia sus momentos de ama de casa, pero tiene un placer no confeso en lavar los platos y la ropa. Mi má que viene de una gran familia mujeril, histérica e histriónica, por consecuencia. Mi mami que sólo ha conocido a un hombre en su vida y lo ama con la misma locura y posesión con que lo conquistó hace casi tres décadas. Mi mumi, que defiende como perra recién parida a sus dos cachorritas, ya no tan bebés.
Esa señora, mi señora madre, quiere escribir un guión, por tanto, le ha pedido orientaciones a su hija que es novata, pero cuya reputación ella se ha encargado de poner por los cielos. Claro, esa fama ahora me antecede, me excede y a veces hasta me agrede, pero no hay mucho que hacer al respecto. En fin, que he decidido mantenerla orgullosa y escribirle un correo electrónico lo más seriecito y aplicado posible, atendiendo el que seguro –y que me caiga un rayo si no es así- será su mayor problema: los diálogos.
Pensaré en mi madre escribiendo sobre el personaje de un hombre en la mitad de los cincuenta, profesor y pseudo estudiante de pintura. Obviamente, es mi padre, aunque ella insista que es un viejo amigo de su primo Dalmiro. Entonces, siendo sinceros, el personaje se llama Rodolfo.
La advertiré en primer lugar de los chistecitos propios de su gremio universitario. Podrá usar nombres científicos sólo en aquellos casos en que éstos resulten orgánicos a la situación y no se sean simple chiste interno. Decir Musa paradisiaca para referirse al plátano, será aceptable siempre y cuando quede claro el asunto. En casos más complejos, como ironizar sobre lo difícil que es conseguir dinero y hablar del deseo de que los billetes hagan mitosis, la mayoría de las veces, será inútil. Le recomendaré que estudie este apartado, haciendo pruebas de comprensión con la señora Rosalía, su vecina y compañera de chismes.
Debo recomendarle evitar todo diálogo formal, literario, discursivo y/o aleccionador. Rodolfo tiene sus grandes momentos de macho alfa, jefe de familia, cabeza de facultad, en los que habla a sus interlocutores desde una estatura moral e intelectual un tanto elevada. El reto será poder escribir estos momentos eficientemente para que el personaje no parezca un aburrido cartón parlante, sino un ser tridimensional que haga, diga y digan que hace.
Marisela -así se llama esta promesa cincuentona, socialista, bolivariana y cientificista del guión del tercer mundo-, tratará por supuesto de meter cuanta información pueda en cada alocución de sus personajes. Diálogos expositivos, verborrágicos y lacrimosos, pueden aparecer sin piedad en cientos de páginas. Le aconsejaré sobre este punto, pero sé que el trabajo vendrá después; no será fácil convencerla de que a pesar de que mi abuelita haya llorado al leer su guión, no es tan genial como cree.
Tendré especial miedo con la mojigatería que a veces asalta a mi madre. Su guión será un tratado prístino donde todos los personajes hablarán correctamente, serán impecables en sintaxis y elegancia, ninguno dirá groserías o dejará frases a medias, la aparición de simples monosílabos será inexistente, y siempre que un verbo pueda sustituir una mirada o un movimiento, lo hará sin el menor reparo. Por lo tanto, tengo que explicarle que el silencio, la emoción y la acción, hablan tanto o más que cualquier palabrita. Le diré que “las palabras se las lleva el viento” o algún dicho popular de esos que tanto le gustan.
No le diré de entrada que evite la voz en off ni los saltos temporales. Es necesario que escriba libremente, que abuse del flash back, que haga flash farward y crea que con esto está revolucionando la narrativa cinematográfica contemporánea. Es así, todos en algún momento lo hemos hecho, pensado y escondido, en algunos afortunados casos. Mami querrá incluir offs largos y lindamente escritos, con los pensamientos y deseos de algún personaje que sea su alter ego, para hacer una película que le deje claro a mi padre (y al suyo), ciertos puntos que han estado fastidiándola últimamente.
Pero a pesar de todo, creo que si sigue estos pequeños consejos y algunos otros que le iré dando a medida que aprenda o recuerde, y luego de una que otra depuración de sus diálogos, no me cabe la menor duda de que mi madre escribirá historias capaces de conmover y enamorar al gran público. Sí, debo admitirlo, mi madre funcionaría en el mainstream. Espero que cuando esté en Los Angeles, al menos me envíe un llaverito kitsch con el letrero de Hollywood o una camiseta de “I –corazón- my mom”.





