la nariz contra el vidrio

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Era el segundo día de clases de noveno grado para el resto del grupo, pero para mí, por motivos que no recuerdo pero que seguramente estaban vinculados a la mudanza, era el primero. Estaba sentada en un pupitre casi al final de la final y el corazoncito se me escapaba hasta por los dedos, que garabateaban cualquier dibujito, como excusa para no interactuar con una treintena de desconocidos adolescentes y, por consecuencia, potencialmente malvados.
Estaba entregada a la nueva hoja de mi cuaderno nuevo, con mi portaminas nuevo, que saqué de mi cartuchera nueva, que ahora descansaba en mi bulto nuevo… Entregada estaba a ese procrastinar (bendita actividad protectora de los inocentes recién llegados), cuando llegó una chiquita de lentes, pelito enrrollado negrísimo y me preguntó, con la musicalidad del paraguanero, cuál era mi nombre y de qué colegio venía. Mi acento maracucho me delató en mitad de la primera sílaba. Y allí comenzó nuestra amistad, sellada minutos después por el nombre de Nick, mi Backstreet’s Boy favorito, diseñado talentosamente en una hojita que ella me regaló. A partir de ese momento, respiré tranquila, supe que había llegado a un puerto amigo. 
Esa escena tuvo lugar en Punto Fijo, Venezuela, en el año 2000.  Doce años después, la sonrisa de Ana sigue haciéndome sentir tranquila… Y sé que no soy la única. Por suerte, su maravillosa disposición para la vida ha ampliado el rango de acción. Desde que Anita forma parte de Dr. Yaso, Payasos de Hospital, sus ojitos tienen un brillo especial, debe ser reflejo de tanto amor compartido.

Era el segundo día de clases de noveno grado para el resto del grupo, pero para mí, por motivos que no recuerdo pero que seguramente estaban vinculados a la mudanza, era el primero. Estaba sentada en un pupitre casi al final de la final y el corazoncito se me escapaba hasta por los dedos, que garabateaban cualquier dibujito, como excusa para no interactuar con una treintena de desconocidos adolescentes y, por consecuencia, potencialmente malvados.

Estaba entregada a la nueva hoja de mi cuaderno nuevo, con mi portaminas nuevo, que saqué de mi cartuchera nueva, que ahora descansaba en mi bulto nuevo… Entregada estaba a ese procrastinar (bendita actividad protectora de los inocentes recién llegados), cuando llegó una chiquita de lentes, pelito enrrollado negrísimo y me preguntó, con la musicalidad del paraguanero, cuál era mi nombre y de qué colegio venía. Mi acento maracucho me delató en mitad de la primera sílaba. Y allí comenzó nuestra amistad, sellada minutos después por el nombre de Nick, mi Backstreet’s Boy favorito, diseñado talentosamente en una hojita que ella me regaló. A partir de ese momento, respiré tranquila, supe que había llegado a un puerto amigo. 

Esa escena tuvo lugar en Punto Fijo, Venezuela, en el año 2000.  Doce años después, la sonrisa de Ana sigue haciéndome sentir tranquila… Y sé que no soy la única. Por suerte, su maravillosa disposición para la vida ha ampliado el rango de acción. Desde que Anita forma parte de Dr. Yaso, Payasos de Hospital, sus ojitos tienen un brillo especial, debe ser reflejo de tanto amor compartido.

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Al día siguiente, de camino al trabajo, Julia se detuvo en una construcción y tiró el alma de su hija en una mezcladora de cemento. Ella sabía muy bien que las pilas son altamente contaminantes, más si han sido usadas en tan egoísta muñeca. 

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Estaba nervioso como no recuerdo haberlo visto. Intuyo que durante algunos segundos flaqueó en su cruzada contra el miedo a hacer el ridículo. Pero allí estuvo, canoso y hermoso, estallándome el corazón de orgullo, con su entusiasmo gigante sacándole la lengua al mío, que por tantos ratos se esconde. 

(No será en sentido literal, pero para mí, comenzaste en fa).

Estaba nervioso como no recuerdo haberlo visto. Intuyo que durante algunos segundos flaqueó en su cruzada contra el miedo a hacer el ridículo. Pero allí estuvo, canoso y hermoso, estallándome el corazón de orgullo, con su entusiasmo gigante sacándole la lengua al mío, que por tantos ratos se esconde.

(No será en sentido literal, pero para mí, comenzaste en fa).