la nariz contra el vidrio

0 notas

Sinuosos tiempos, estaciones, caminos que nos tocan,
propicios para el herísmo más completo
o para guardarnos como cautelosos erizos.
Tempranamente fuimos aventados al margen de las cosas más simples y necesarias,
clavados con alambradas alrededor de nuestra sangre
y candados en la boca para oscurecernos.

No tenía remedio
la vida atada a lo melancólico.

Terribles días.

Pero recoge las páginas donde los enamorados escriben cortando con navajas,
revisa los libros
busca en las grandes piedras talladas y en los manuscritos del mar,
desde Gutemberg hasta las dos Declaraciones de La Habana
busca, acumula, reúne, clasifica,
sal a la calle con balanza y metro, pesa y mide
blanco y negro, amor y olvido, agua y fuego,
filo geográfico y campana celeste.
Al final todo más claro.
Bañamos nuestra cabalgadura solo una vez en aguas del mismo río.

Camina a paso de monte y haste amigo del viento
que llevará los pesares al sitio de tu arrebato.
Que los solitarios no te enfaden, pero resuélvete en multitud.
Habla lo necesario con la gente sencilla
y a su lado vive con ardor.

A los soberbios embóscalos, tírales por mampuesto.

Si nada tienes llénate de coraje y pelea hasta el final.

No te amargues.

Agarra a la amargura por los cuernos y rómpele la nuca
y si la muerte te señala, sigue cantando
y en el primer bar que encuentres pide un trago de viejo ron
y bébete la mirada de la novia y bébete su risa
y la proximidad de su cadencia y el saludo de su cabellera.
Bébete la vida.

No hay que dejar que el camello de la tristeza pase por el ojo de nuestros corazones.

Víctor Valera Mora

2 notas

LO TERRIBLE

Mis lágrimas, hasta mis lágrimas
endurecieron.

Yo que creía en todo.

En todos.

Yo que sólo pedía un poco de ternura,
lo que no cuesta nada,
a no ser el corazón.

Ahora es tarde ya.

Ahora la ternura no basta.

He probado el sabor de la pólvora.

Roque Dalton

1 nota

Reúno estas palabras para cuatro personas,
alguien más puede cazarlas al vuelo,
oh mundo, lo siento por ti,
no conoces a esas cuatro personas.
Ezra Pound.

0 notas

Era el segundo día de clases de noveno grado para el resto del grupo, pero para mí, por motivos que no recuerdo pero que seguramente estaban vinculados a la mudanza, era el primero. Estaba sentada en un pupitre casi al final de la final y el corazoncito se me escapaba hasta por los dedos, que garabateaban cualquier dibujito, como excusa para no interactuar con una treintena de desconocidos adolescentes y, por consecuencia, potencialmente malvados.
Estaba entregada a la nueva hoja de mi cuaderno nuevo, con mi portaminas nuevo, que saqué de mi cartuchera nueva, que ahora descansaba en mi bulto nuevo… Entregada estaba a ese procrastinar (bendita actividad protectora de los inocentes recién llegados), cuando llegó una chiquita de lentes, pelito enrrollado negrísimo y me preguntó, con la musicalidad del paraguanero, cuál era mi nombre y de qué colegio venía. Mi acento maracucho me delató en mitad de la primera sílaba. Y allí comenzó nuestra amistad, sellada minutos después por el nombre de Nick, mi Backstreet’s Boy favorito, diseñado talentosamente en una hojita que ella me regaló. A partir de ese momento, respiré tranquila, supe que había llegado a un puerto amigo. 
Esa escena tuvo lugar en Punto Fijo, Venezuela, en el año 2000.  Doce años después, la sonrisa de Ana sigue haciéndome sentir tranquila… Y sé que no soy la única. Por suerte, su maravillosa disposición para la vida ha ampliado el rango de acción. Desde que Anita forma parte de Dr. Yaso, Payasos de Hospital, sus ojitos tienen un brillo especial, debe ser reflejo de tanto amor compartido.

Era el segundo día de clases de noveno grado para el resto del grupo, pero para mí, por motivos que no recuerdo pero que seguramente estaban vinculados a la mudanza, era el primero. Estaba sentada en un pupitre casi al final de la final y el corazoncito se me escapaba hasta por los dedos, que garabateaban cualquier dibujito, como excusa para no interactuar con una treintena de desconocidos adolescentes y, por consecuencia, potencialmente malvados.

Estaba entregada a la nueva hoja de mi cuaderno nuevo, con mi portaminas nuevo, que saqué de mi cartuchera nueva, que ahora descansaba en mi bulto nuevo… Entregada estaba a ese procrastinar (bendita actividad protectora de los inocentes recién llegados), cuando llegó una chiquita de lentes, pelito enrrollado negrísimo y me preguntó, con la musicalidad del paraguanero, cuál era mi nombre y de qué colegio venía. Mi acento maracucho me delató en mitad de la primera sílaba. Y allí comenzó nuestra amistad, sellada minutos después por el nombre de Nick, mi Backstreet’s Boy favorito, diseñado talentosamente en una hojita que ella me regaló. A partir de ese momento, respiré tranquila, supe que había llegado a un puerto amigo. 

Esa escena tuvo lugar en Punto Fijo, Venezuela, en el año 2000.  Doce años después, la sonrisa de Ana sigue haciéndome sentir tranquila… Y sé que no soy la única. Por suerte, su maravillosa disposición para la vida ha ampliado el rango de acción. Desde que Anita forma parte de Dr. Yaso, Payasos de Hospital, sus ojitos tienen un brillo especial, debe ser reflejo de tanto amor compartido.

0 notas

Al día siguiente, de camino al trabajo, Julia se detuvo en una construcción y tiró el alma de su hija en una mezcladora de cemento. Ella sabía muy bien que las pilas son altamente contaminantes, más si han sido usadas en tan egoísta muñeca.