De puntillas.
He llegado a la conclusión de que mi corazón es un poco bipolar, y no es por moda, no. Es que le encantan las montañas rusas, y me da hasta lástima el pobre. En el fondo reconozco que parece una de esas pelotitas gomosas que tienen múltiples apéndices, como pelitos… siendo halada por varios puntos a la vez, dejándose llevar unas veces, y otras tantas poniendo una resistencia tremenda. Supongo que a los 23 todos somos un poco bipolares, entre los planes de ser a los 30, y ser lo que no planeaste cuando tenías 16, la brújula se vuelve un poco loca. Vamos, que por planes tomo esas ideas volátiles pero encantadoras que te roban el sueño, o te ponen somnolienta para que sigas soñándolas.
Pero, como dicen los cubanos, -no abra esa gaveta, que tiene cucarachas-. No queremos despertar al monstruo.
