la nariz contra el vidrio

Elena entró aquella noche saliendo de sus lágrimas como si saliese de la lluvia y, terminado el rito, salió otra vez del templo para hundirse en el llanto: nuevas lágrimas, las mismas lágrimas, la misma lluvia. Subió al carruaje y salió en medio de ella (de la lluvia) rumbo al Ciento de Sutpen”.

– Absalón, Absalón. William Faulkner.
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